La última persona a cargo de Paúl López era Silvia Burgos. Con ella el esquema pasaba del espionaje a la acción casi burda y paramilitar. Burgos coordinaba a los Barrigas: personas asignadas a la seguridad de Rafael Correa que no formaban parte de su seguridad oficial. Correa mantuvo su seguridad oficial hasta el 24 de mayo de 2018, pero la Senain le proporcionaba ilegalmente una segunda seguridad, un segundo anillo, coordinado por Burgos.
Un tercer anillo se coordinaba entre Burgos y Santiago Díaz, bajo órdenes de Vallejo. Díaz manejaba a los Popeyes. Muchas fuentes de inteligencia los identifican como autores de graves abusos en casos emblemáticos: la agresión a la política Lourdes Tibán, la agresión al comediante Carlos Michelena y la agresión al periodista Alfonso Pérez, de Ecuador en Vivo. La Posta dijo poder identificar a cada uno de los Popeyes, señalados por sus propios compañeros de inteligencia, y presentar sus nombres si las autoridades lo requerían.
El dinero de los Popeyes lo manejaban los hermanos Ramos y lo recibía el líder del grupo, Víctor Hugo Beltrán: 15 dólares diarios para alimentación, 15 para hospedaje y 60 para movilización, en una furgoneta con placas de Pichincha de una empresa representada por Rolando Pazmiño, cuñado de Santiago Díaz. Los Popeyes eran en muchos casos funcionarios de la planilla de la Senain, pagada por los ecuatorianos. Beltrán seleccionaba a los Popeyes en coordinación directa con el cura Saavedra.
A Vallejo no le bastó con controlar a la oposición y montar una protección ilegal para Correa. Según las fuentes de inteligencia consultadas por La Posta, dirigió una operación de conspiración interna que llegaba hasta el presidente de la República. Cuando se anunció que Lenín Moreno correría por la Presidencia, Vallejo le pidió a Paúl López que identificara a alguien capaz de infiltrar la seguridad del futuro presidente. La Senain contrató entonces al teniente Jorge Pepinos. Una contratación menor, salvo por un detalle: Pepinos era primo de dos agentes de inteligencia que podían servir en la seguridad de dos hombres que pronto tendrían muchísimo poder.
Desde la candidatura, Vallejo asignó a Freddy Guzmán Pepinos y a Esteban Guzmán Pepinos a la seguridad de Moreno y de su hombre más cercano, Eduardo Mangas. Una vez posesionados el presidente y el secretario general de la Presidencia, los dos agentes le proporcionaron información privilegiada a Vallejo. Así tenía controlados a la oposición, a los grupos de choque y al propio Gobierno. El presidente identificó la infiltración en su equipo de seguridad y Guzmán Pepinos dejó de pertenecer a ella.